12/03/2018 | Noticias Externas
¿Qué es la terapia de entornos naturales?
Estudios vinculan la exposición a entornos naturales con un mayor bienestar ¿Su efecto es duradero?
El aire del bosque reduce la secreción de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés.
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Acabás de regresar de un viaje a un lugar paradisíaco, ya sea una playa de arenas blancas junto a palmeras generosas y un mar de un verde imponente, o de un bosque repleto de cantos de pájaros y olor a vegetación exótica o quien sabe, quizás de un espacio montañoso surcado por vertientes sigilosas y danzarinas. Seguramente te sentís muy bien, ¿no? Ciertamente tus niveles de estrés deben haber descendido y tu actitud de ironía y crítica se puede haber transformado en una de optimismo, aceptación y bondad. ¿Qué pasó? ¿Se trata de un efecto mágico, de algún antídoto natural imperceptible que modifica, a niveles profundos, nuestra personalidad?

La ciencia está estudiando eso. Poco a poco, se considera la exposición a entornos naturales (natural settings) un tipo de terapia que es comparada con otras intervenciones, como las prácticas meditativas o el ejercicio físico. ¿Sirve? ¿ Es positivo? ¿Trasciende el momento inmediatamente posterior al regreso de ese viaje, o se pierde entre los condicionamientos de nuestra vida urbana cotidiana?

 

DE QUÉ SE TRATA

Algunos estudiosos mencionan el por qué de los beneficios de la exposición a entornos naturales donde predomina el verde, los árboles y quizás algún espacio líquido como laguna o mar. Roger Ulrich, profesor de arquitectura y ciencias de la salud en la Universidad Técnica Chalmers, en Suecia, ha demostrado que el mero hecho de mirar el verde de los árboles a través de la ventana de un hospital acelera la recuperación tras una operación. A eso lo ha llamado Biofilia. Sus estudios cumplen con todos los requisitos científicos y han demostrado que con la ayuda de un poco de verde son necesarios menos analgésicos y disminuye el riesgo de complicaciones posoperatorias.

Por su parte, El doctor Qing Li, uno de los expertos más reconocidos en el estudio de los efectos de la naturaleza en el organismo humano, ha probado que el aire del bosque reduce de forma duradera la secreción de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés relacionadas con trastornos inmunitarios y metabólicos.

Podemos pensar que lo sensitivo se ve estimulado en estos entornos por sobre lo construido, el producto del hombre acabado (edificios, automóviles, puentes, etc). De alguna manera, este contacto más próximo con el entorno es una forma de volver a ligarnos a la naturaleza tal como estábamos en un período anterior al actual, donde nos hemos transformado en hombres del ruido y el cemento, tal cual sugiere el doctor Agustín Ibáñez, Director en Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (INCYT: Conicet, Favaloro e Ineco).

También podemos hipotetizar que este contacto implica reducir nuestro modo de hacer y aumentar el modo de ser, el contemplativo, el que produce la relajación.

En cualquier caso, parece ser beneficioso, y sanador.

 

OBJECIONES A ESTA “TERAPIA”

Ana viene de realizar el camino de Santiago, en España, ese bellísimo desafío que miles de personas de todo el mundo llevan adelante a través de imponentes paisajes, estimulando no sólo sus sentidos sino también realizando ejercicio físico y creando nuevos vínculos sociales. ¿Qué más se puede pedir?

Pero ya pasó un mes de eso. Ahora, ya está de lleno en su oficina en medio de la selva de cemento, en plena avenida 9 de julio en la capital argentina secundada por piquetes, tránsito pesado y transeúntes que corren como hormigas en busca de su destino. En su mesa descansan los pedidos, trabajos pendientes y el estrés de cada día. La realidad es que Ana siente que su reserva de salud acumulada en Santiago se debilita, pierde presencia en sus vísceras, se le escapa.

Ocurre que Ana estimuló profundamente un cambio general en sus conductas, pero en un ámbito muy específico, excepcional, mientras su vida transcurre en un ámbito más bien común y rutinario. Este es el problema de la terapia de exposición a la naturaleza: que nos beneficia, pero no nos enseña a trabajar con nuestros problemas y desafíos en la vida de cada día, en nuestro nicho ecológico concreto. Eso dicen algunos estudios que comparan esta exposición con aprendizajes relacionados al manejo efectivo del estrés: que es muy selectiva, muy limitada en cuanto a su capacidad de proyección a otros ámbitos vitales.

Es que claro, si no introducimos el aprendizaje de cómo manejar nuestra mente frente a los estresores diarios, caeremos presa del pesado automatismo de nuestras vidas. Allí es donde se impone el aprendizaje de una terapia efectiva para ello, como el mindfulness u otra práctica contemplativa pueden brindar.

Conclusión: es muy beneficioso experimentar la calma y la belleza de la naturaleza, pero allí, cuando nuestro organismo comienza a estabilizarse y autorregularse, aprovechemos para introducir un aprendizaje genuino que potencie nuestras habilidades de afrontar los estresores diarios en el entorno en el cual habitualmente vivimos. Así, seguramente ganaremos en mayor bienestar y podremos extender más en el tiempo el efecto acumulado de la naturaleza en nuestras mentes.

Por Martín Reynoso para Clarin.com